Buscan en Sinaloa huellas de Pastrana

Nadie duda que Julia Pastrana nació en Sinaloa. Lo difícil es precisar su lugar de origen. Desde hace semanas, alrededor de 30 cronistas buscan en los archivos parroquiales su registro bautismal. “Hasta ahora no hemos encontrado evidencias escritas”, afirma Crescencio Montoya, presidente de La Crónica de Sinaloa.

Los cronistas trabajan contrarreloj. Antes de que la Universidad de Oslo entregue los restos de la Indescriptible a Sinaloa para su sepultura, las autoridades noruegas solicitan un documento que defina cuándo, dónde y cómo se llevará a cabo el entierro.

El escenario escogido para anunciar el lugar donde descansará el cuerpo embalsamado de Pastrana, después de un siglo de ser explotado en Estados Unidos y Europa como una atracción de feria, es el 35 Congreso de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas, que se realizará del 25 al 29 de julio en las ciudades de Guamúchil, Mocorito y Angostura.

“No sé quién hará el pronunciamiento, pero el acuerdo es que se haga ahí porque es un foro a nivel nacional”, señala el director del Archivo Histórico General de Sinaloa, Gilberto López Alanís.

Hallar un acta de nacimiento de Pastrana está descartado, dice el historiador, porque en 1834, cuando nació, no existían registros civiles. Sinaloa había promulgado su primera Constitución política tres años antes, en diciembre de 1831, una vez consumada la división del Estado de Occidente, que formaba con Sonora.

Una historiadora local, Rina Cuéllar Zazueta, cuenta la leyenda de que Pastrana nació en Ocoroni. De acuerdo con su versión, recogida por el historiador Ricardo Mimiaga, su madre la encerraba de niña en su casa para evitar las burlas de la gente por su aspecto simiesco.

“Es una versión no corroborada”, aclara Mimiaga. Para poderla considerar tradición oral, explica, habría que entrevistar a los más viejos de Ocoroni, pero el territorio está dominado por el narco y aventurarse en el lugar es peligroso. “Es un tema árido, no hay muchos datos (sobre Pastrana). Existen referencias bibliográficas, pero los autores se copian, todo se repite. Es como darle vueltas al círculo”.

Montoya dice que antes del anuncio quieren estar seguros. Apurar las investigaciones. Pero sin documentos, sólo queda la historia oral. “No hay de otra”.

En su relato, Cuéllar Zazueta afirma que Pastrana vivía en una casa sin espejos. Su madre los quitó para que no le afectara ver su imagen. Esto pondría en entredicho el origen indígena que le atribuyen sus biógrafos basados en los datos de la época en que se exhibía en ferias y circos, antes de su muerte en 1860.

El 10 de marzo de 1857, la Janesville Morning Gazette anunciaba a La mujer oso en el Lappin’s Hall. Decía que había sido encontrada en una cueva con animales. Un folleto de Boston explicaba que, a diferencia de sus compañeros de tribu, unos indios semihumanos conocidos como root-digger (recolectores de raíces) que habitaban en la Sierra Madre de Sinaloa, cubiertos de pelo negro y con rasgos semejantes al oso y el orangután, Pastrana caminaba erguida, no tenía pelo en los pechos, manos ni pies, y al parecer, en ella predominaba lo humano.

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El panteón colonial de Sinaloa de Leyva, cabecera del municipio donde se ubica Ocoroni, podría ser el lugar donde se entierre a Pastrana, adelanta López Alanís. “Hay muchas posibilidades”. A su favor está la infraestructura, ya que sería posible construirle un mausoleo protegido, además de la cercanía con su presunto lugar de origen -distante 20 kilómetros- y su historicidad, pues en la antigua villa se estableció en 1591 la primera misión jesuita del noroeste de México.

Desde la Casa de la Cultura de Sinaloa de Leyva, su cronista vitalicio, José Ángel Gómez, asegura nunca haber oído hablar de la Indescriptible en los siete recorridos que ha hecho al municipio. El panteón municipal es el tercero de que se tiene registro, explica. El primero estaba junto al templo que los jesuitas abrieron al culto en 1635, pero una crecida del río Sinaloa destruyó el sitio en 1770. Después se abrió El Calvario, pero a finales del siglo 18 dejó de funcionar y hoy apenas quedan vestigios.

El panteón colonial, uno de los atractivos que permitieron a Sinaloa de Leyva ser nombrada ciudad señorial, operó hasta hace dos años, explica el cronista. La sepultura más antigua que se ha encontrado data de 1798, y destacan en su interior las tumbas piramidales, de varios metros de altura.

“Aquí no hay (enterrados) narcos”, dice, “y si lo fueron, eran discretísimos, sin las ostentaciones de ahora”.

En la casa del gobernador

Un dato por aclarar en la biografía de Julia Pastrana es cuánto tiempo pasó en la casa del licenciado Pedro Sánchez, presidente del Congreso que firmó la primera Constitución de Sinaloa, y gobernador del estado de septiembre de 1836 a junio o diciembre de 1837 -las versiones varían-, con quien se habría criado como sirvienta hasta que en 1854, a la edad de 20 años, dejó su casa para comenzar a exhibirse en Estados Unidos.

Los pocos datos que existen sobre Sánchez dan cuenta de una carrera política dilatada: en 1846 fue destituido del cargo de Juez de Distrito de Sinaloa, que ostentaba desde 1838, y existen registros de que en 1859 dirigía el partido liberal en Mazatlán.

Sinaloa de Leyva es la cabecera del municipio de Sinaloa. Ocoroni es una de sus diez sindicaturas.

Fuente: http://busquedas.gruporeforma.com/reforma/Documentos/DocumentoImpresa.aspx

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