
Los genes que se encuentran en el centro de la maduración del jitomate y que le ayudan a producir azúcares fueron descubiertos por investigadores de Argentina, España, Estados Unidos y México, según un artículo que publica hoy la revista Science.
El nuevo gen identificado por Ann Powell y sus colegas de la Universidad de California codifica dos factores de transcripción llamados GLK1 y GLK2. Estos factores son proteínas que regulan los genes -los encienden o apagan- y ayudan a la planta a incrementar su capacidad fotosintética que le permite producir compuestos que mejoran su sabor y apariencia.
Desde hace 70 años, los grandes agricultores han cosechado variedades de jitomate cuando lucen un color verde uniforme antes de madurar, para poder distribuirlos y, más tarde, maduran en los contenedores de los supermercados, donde adquieren su característico color rojo, sin embargo, son casi insípidos.
Según el estudio, al interrumpirse la maduración natural se ocasionan cambios moleculares que reducen su contenido de azúcar. Al cosecharse de forma temprana se deshabilita el GLK2, lo que ocasiona involuntariamente que se tenga un subdesarrollo de cloroplastos, que a su vez disminuye la producción de ingredientes clave que dan a los jitomates su dulzura y buen sabor.
“Esta información proporciona una estrategia para recuperar las características de calidad que han quedado fuera en los modernos cultivos”, dice Powell. “Ahora que sabemos que algunas de las cualidades del jitomate pueden hacerse disponibles en otras variedades, los grandes agricultores tendrán acceso a jitomates con características deseables de color y sabor”.
Mientras que estos genes se desarrollan en variedades silvestres y tradicionales, en los grandes cultivos industriales se va perdiendo de forma inconsciente. Los científicos analizaron una amplia colección de jitomates híbridos y silvestres que data desde los años 50 y también usaron información del genoma del jitomate, pero pusieron especial atención en una variedad poco común que antes de madurar adquiere un color verde oscuro; ahí hallaron que se expresa el GLK2 con mayores niveles, proporcionando más azúcares y altos niveles de licopeno.
Manipular los niveles o patrones de expresión de GLK y los cloroplastos podrían ayudar a mejorar la calidad del jitomate.
“La naturaleza presenta numerosos genes importantes y sus variantes, como los de la maduración uniforme”, dice Jim Giovannoni, de la Universidad de Cornell. “Comprender estos genes responsables de estas características facilita el desafiante proceso de mejoramiento de cultivos”.
Elevar los niveles de licopeno del jitomate -que les da el pigmento rojo- es de mucho interés nutracéutico al ser un potente agente antioxidante natural que ayuda a la prevención de varios cánceres.
Este avance es importante para México, cuarto exportador mundial de jitomate y onceavo productor a nivel mundial.